SEPARATA DE LA REVISTA MILITANTE

DICIEMBRE 2005

 

 

Presencia de cristianos en el movimiento

JORNALERO Y CAMPESINO EN ANDALUCÍA

Esteban Tabares Carrasco

Introducción

Los movimientos agrarios andaluces y las luchas campesinas no son un fenómeno reciente ni exclusivo de la época que ahora analizamos, sino que tiene raíces históricas profundas y muy dignas. Por otra parte, Andalucía es enorme y sus realidades muy diversas. En el breve espacio de esta comunicación no pretendo hacer una exposición completa de un tema tan extenso; algo que, por otra parte, supera mi capacidad. Únicamente me limitaré a hacer una narración de algunos hechos sucedidos al hilo de mi vida; es decir, dar testimonio de algunas de las muchas cosas que hemos visto y hemos hecho. Y para concretar más aún, me ceñiré a las comarcas de la Sierra Sur de Sevilla y a la zona malagueña de Antequera, así como a la presencia de cristianos en la organización del Sindicato de Obreros del Campo (SOC).

 

El equipo de curas de la Sierra Sur de Sevilla

En agosto de 1969 llega un equipo de cuatro curas recién ordenados a algunos pueblos de esa comarca (Gilena, Pedrera, Martín de la Jara y Los Corrales), que posteriormente se ampliará con otros curas más (La Roda de Andalucía, Aguadulce, Casariche y Badolatosa). Con ellos comienza en la zona un trabajo lento de concientización y organización popular, un despertar crítico a nivel social, cultural y religioso, que intentaba levantar la pesa losa del tardofranquismo, el caciquismo local, el subdesarrollo cultural, la pobreza, la explotación y la alienación religiosa. Se van plantando las semillas que germinarán con fuerza a partir de 1975, haciendo de esta comarcar una de las más destacadas en Andalucía en las luchas jornaleras. El eje de ese equipo de curas fue Diamantino García. A finales de 1984 se unirá al mismo una pequeña comunidad de tres religiosas franciscanas, que se instalan en Los Corrales y viven desde entonces entre el pueblo sencillo una como maestra de personas adultas, otra como ATS y otra como trabajadora social.

“La miseria y las contradicciones a las que se ve sometida la clase trabajadora en esta zona de la Sierra Sur de Sevilla son tan grandes que la lucha obrera se plantea normalmente con tonos muy radicales (en esta zona se encuentra el pueblo de Marinaleda, entre otros). El despertar sindical aquí exigía un sindicalismo que recogiese lo más fielmente posible estas contradicciones y diese una alternativa de lucha eficaz.

La zona se decidió por el SOC, sindicato minoritario pero con alternativas posibles para los jornaleros. Desde nuestras parroquias era lógica nuestra ayuda y colaboración al renacer organizativo de los jornaleros. Nuestra definición social venía siendo constante en la clandestinidad y ante los abusos de los últimos años de la dictadura. Así pues, nuestro concreto apoyo al SOC ha sido y es una de las distintas maneras de estar presentes en esta realidad de jornaleros. Desde el principio, las circunstancias y nuestra opción nos hicieron a los curas catalizadores en nuestros pueblos de las inquietudes sociales y políticas.

Nuestra acción, considerada de una manera global, está encaminada a una mentalización y promoción en todos los frentes donde nos es posible actuar. Para ello utilizamos los más diversos medios: catequesis de primera comunión, movimiento Junior, Hoja Parroquial de zona, mesas redondas, clubes juveniles, información laboral, trabajo asalariado de los curas, simplificación de los servicios religiosos...

Tratamos de dar una respuesta encarnada y comprometida y de presentar un rostro de Iglesia más en consonancia con las necesidades y formas de ser de los jornaleros, al mismo tiempo que adoptamos compromisos socio-políticos muy concretos. Las luchas de los jornaleros en nuestra zona atraen siempre el interés de la opinión pública y de los sectores políticos porque son luchas fuertes y duras. Se lucha para vivir. Se lucha para comer. La política económica del capitalismo nos va echando de la tierra y nos arroja a las plazas de los pueblos y a la cunetas de las carreteras a arrancar hierbas y hacer trabajos inútiles con el Empleo Comunitario. Con el jornalero andaluz quieren hacer una especie de “reserva india”: sacarnos de la tierra y sostenernos con precarias ayudas oficiales.

Nosotros como creyentes interpretamos estas luchas como un proceso pascual de muerte y resurrección. Un pueblo que continuamente sufre y muere y que va alcanzando resurrecciones parciales tras sus luchas, que son como pequeños éxodos para ir saliendo de la esclavitud. El Señor nos llama a un compromiso siempre mayor, a verificar diariamente nuestra fe dentro de las angustias y contradicciones que vive nuestro pueblo. La esperanza cristiana es simple alienación religiosa si no recoge y hace suyas las esperanzas humanas concretas de la gente más pobre y necesitada de libertad”.1

Para nosotros estaba bien asumido desde el principio que los locales parroquiales, los medios de que disponíamos como párrocos e incluso el propio templo había que ponerlos al servicio del pueblo, especialmente en las actividades que pudiesen repercutir en su promoción y organización. Era una manera de poner en práctica las obras de misericordia y de neutralizar unos medios casi siempre empleados para mantener unas costumbres religiosas de dudoso contenido liberador. También era una forma de devolver al pueblo más necesitado lo que le pertenecía.

En la sacristía, en la casa parroquial, en el templo, se ha enseñado a leer y a escribir, se han informado de sus derechos a los trabajadores, se han formado cooperativas y asociaciones de padres, se han celebrado recitales, teatros y actos culturales de todo tipo, se ha organizado la juventud, etc. En nuestros templos se han encerrado los jornaleros en multitud de ocasiones para reclamar sus derechos...

Diamantino expresaba toda esta presencia cristiana entre los jornaleros con esta síntesis:

“Hemos prestado un servicio de promoción humana a todas estas gentes. Hemos acompañado la vida de los jornaleros de estos pueblos con seriedad y cercanía, con fidelidad y permanencia, con solidaridad y compromiso. Nuestro testimonio generoso, austero y entregado ha contribuido a limpiar la mala imagen que hay de los curas en el pueblo en general. Hemos frenado el desarrollo de una religiosidad consumista y folclórica. Hemos desenganchado a la iglesia parroquial de los ricos del pueblo y de la gente conservadora e insolidaria que tradicionalmente la han manipulado. Hemos procurado denunciar proféticamente desde el Evangelio las injusticias que padece nuestro pueblo y hemos anunciado a Jesucristo muerto y resucitado”.2

Comisiones Campesinas y Comisiones de Jornaleros

A mi parecer, dos han sido los focos geográficos principales en Andalucía donde se fraguaron las bases del movimiento jornalero y campesino en esta época: varias zonas en la provincia de Sevilla (Sierra Sur, Morón de la Frontera, Lora del Río y Lebrija-Jerez) y la comarca de Antequera (Málaga). Mientras que en Sevilla la gran mayoría eran jornaleros, en la segunda se mezclan jornaleros y pequeños campesinos, aportando algunas características específicas a aquellas primeras acciones y sencillas organizaciones semi-clandestinas.

En los pueblos de la comarca de Antequera (Archidona, Alameda, Humilladero, Mollina, Villanueva de Algaidas, Villanueva de la Concepción, etc.) se puede datar en torno al año 1874 el nacimiento de pequeños grupos organizados que se denominaban Comisiones Campesinas, en las cuales ejercía su hegemonía ideológica el Partido Comunista. Posteriormente pasarían a llamarse CCOO del Campo. Por esos años sus luchas se dirigen preferentemente a conseguir fondos para el Empleo Comunitario, pues a los pueblos que más se movían y exigían más dinero les enviaba el Gobierno Civil a través de los Ayuntamientos respectivos. Era un reparto desigual: a más lucha y agitación pública, más fondos para acallar las protestas.

Además, se organizan otras reivindicaciones y acciones: huelgas exigiendo más salario en la recogida de la aceituna, acciones por la construcción de viviendas sociales por los Ayuntamientos y cooperativas de autoconstrucción, de autoconsumo, contra la carestía de la vida, reuniones de formación y actos culturales de todo tipo, coordinación del movimiento cooperativo de la comarca...

Se celebran infinidad de reuniones casi todas ellas presididas por un crucifijo, pues la gran mayoría se convocan en locales de la Iglesia y en las parroquias de la zona. Primero, de manera muy clandestina y secreta, luego serán toleradas y por último legalizadas. Las dos organizaciones políticas que orientan y dirigen este incipiente movimiento organizativo de la gente del campo son el Partido Comunista (PCE) y el Partido del Trabajo (PTE). Entre ambos existía un fuerte enfrentamiento de estrategia sindical: el PTE pretendía la construcción del “Sindicato, ya”, mientras que el PCE defendía la posición de “Sindicato, mañana”.

Hay que mencionar en la gestación de todo este movimiento campesino la importante contribución que realizó un equipo de curas de Archidona (Málaga), con una opción de vida semejante al equipo de la Sierra Sur de Sevilla, que describíamos antes. Ambos grupos de curas se reunían periódicamente y se coordinaban en muchas de sus acciones, tanto a nivel social como eclesial. Se creó así una amplia zona de influencia y de actuación entre las dos comarcas colindantes: la de Antequera y la de Osuna-Estepa, que fue crisol de militantes sindicales y de cristianos-as comprometidos. El eje del equipo de curas de Archidona era Manuel Hernández, gran impulsor y organizador del movimiento cooperativo en aquella zona y en Andalucía. Recordando aquellos años, él mismo cuenta:

“En el verano de 1976, Paco Casero, del PTE, se dirige a mí como independiente en CCOO para preparar ya un único sindicato jornalero-campesino-obrero del campo. Así pues, preparamos un lugar relacionado con la Iglesia en Antequera (en el Callejón de Urbina, frente al Instituto de Enseñanza) y allí se convoca para el día 1 de agosto. No acuden los líderes del PCE-CCOO, pues se lo prohíben sus dirigentes cuando ya están subidos en los coches para asistir. En cambio, sí que están presentes los principales líderes del PTE: Gonzalo Sánchez, apodado “el bizco de la Patota”, de Lebrija; Paco Casero, de Marchena; Pepi Conde, de Huelva; Sáenz de Santamaría, de Málaga, quien después sería célebre por su clínica abortista y sus innumerables juicios; Enrique Cobo, de Motril (Granada); Miguel Manaute, de Arahal, que por entonces pertenecía a una organización troskista y que años más tarde llegaría a ser Consejero de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía; Diamantino García, Pepe Moncayo, de Osuna, y otros más de la Sierra Sur de Sevilla.

También asistimos los de CCOO de la zona de Antequera, aunque más tarde se retirarían, quedando solamente las Comisiones de Jornaleros. Yo hice de cronista y a propuesta mía se aceptó ponerle al nuevo sindicato que nacía el nombre de “obrero” (no el de “jornalero”, más preponderante en Andalucía occidental y “campesino” en la oriental): Sindicato de Obreros del Campo (SOC)”.

Hemos de nombrar también a tres equipos de curas del mismo talante de compromiso con el pueblo y con los jornaleros y campesinos: uno se movió por la zona de Lora del Río (Sevilla) y entre los parcelistas de los pueblos de colonización de su entorno; otro vivió en Morón de la Frontera (Sevilla), pueblo grande de tipo agro-industrial que conoció un fuerte movimiento jornalero al que los curas no fueron ajenos; y el tercero estaba formado por varios curas jesuitas que vivieron en Fuente Palmera (Córdoba) e influyeron en la mentalización y organización de jornaleros y pequeños propietarios agrícolas en la comarca de Palma del Río (Córdoba).

Nacimiento del SOC

En el semanario “Tierras del Sur” del 14 de agosto de 1976 apareció la crónica que envió Manuel Hernández y donde da cuenta pormenorizada de este parto. Por su importancia histórica, lo transcribimos íntegramente en el anexo a este texto.

El 5 de diciembre de 1976 se celebra en Sevilla la 1ª Conferencia del SOC a la que asisten 258 delegados y donde se analizó la situación del campo andaluz y que ésta requería una transformación radical a través de una verdadera Reforma Agraria. En los primeros meses de 1977 el SOC presenta una tabla reivindicativa contra el paro de cinco puntos:

1.- Expropiación de las tierras mal cultivadas y su entrega a los jornaleros.

2.- Plan de inversiones para el campo andaluz.

3.- Jubilación a los 60 años.

4.- Política de cultivos sociales.

5.- Seguro de desempleo agrario para los meses de paro.

pleta en agosto con la formulación del “Manifiesto contra el Paro” que exigía: una ley de laboreo forzoso, política de precios agrarios, censo de parados del campo, inversiones en regadíos, obras sociales, servicios, y equiparación del Régimen Especial Agrario a la rama general, con la creación de un fondo especial de paro en sustitución del Empleo Comunitario.

En defensa de esta plataforma se organiza desde la Sierra Sur una marcha hacia Sevilla en mayo de 1977 acompañada de encierros, concentraciones y diversas acciones en los pueblos. En Osuna, ante la falta de fondos para el Empleo Comunitario, 200 personas encerradas en el Ayuntamiento el 19 de julio serán desalojadas por la guardia civil. Los días 21 y 22 el pueblo va a la huelga general y siete jornaleros son detenidos.

Durante los días 2 y 3 de septiembre de ese mismo año se celebra en Morón de la Frontera el primer congreso del SOC y que era también el primero del sindicalismo agrario tras la guerra (in)civil y el segundo en toda la historia del movimiento obrero campesino. Asistieron a esta reunión constituyente invitados de Chile, de la OLP, del Frente Polisario, etc.

Presencia, apoyo y militancia de cristianos en el movimiento jornalero

Eran tan razonables y tan justas las reivindicaciones del movimiento jornalero y campesino de aquella época; sus estrategias y su metodología de no violencia activa se hacían tan plausibles y la coherencia ética de sus dirigentes de entonces era tan inédita y elogiable, que se produjo un hecho histórico desconocido en Andalucía: muchos cristianos, curas, religiosas, parroquias, movimientos católicos, etc. empatizaron y simpatizaron con la causa de los jornaleros y campesinos y con sus luchas arriesgadas y radicales.

La solidaridad de muchos cristianos se hizo patente en múltiples formas: apoyo económico, prestar locales parroquiales y abrir templos para reuniones  encierros, difusión de propaganda sindical, uso de las multicopistas y de la prensa de la Iglesia, las homilías dominicales... Citemos un hecho significativo y sorprendente: unas religiosas de clausura del convento de las “Mínimas” de Archidona dieron dinero en cierta ocasión para pagar la fianza de un dirigente sindical detenido. Muchas personas reconocidas en los pueblos como cristianas y de talante abierto y democrático simpatizaban y colaboraban con las acciones jornaleras. En cambio, en la otra parte, los “oficialmente cristianos” odiaban a muerte estas luchas y la organización de los trabajadores. Por eso realizaban amenazas de todo tipo a los afiliados al sindicato, así como constantes críticas y denuncias contra los curas comprometidos con ellos ante el obispo o ante la guardia civil. La lucha de clases se agitó apasionadamente con este despertar del sindicalismo agrario.

Sería muy largo citar todos los ejemplos de apoyo o de compromiso de grupos de Iglesia a las luchas de los jornaleros y campesinos. Citemos algunos solamente.

“Por orden judicial ha sido secuestrada la Hoja Parroquial de Los Corrales (Sevilla), correspondiente al nº 119, del domingo 17 de agosto de 1975. La citada Hoja estaba dedicada principalmente al tema de la participación de los trabajadores en la Seguridad Social. Es la Hoja Parroquial de la zona pastoral de Los Corrales, Pedrera, Martín de la Jara, Aguadulce, Gilena, La Roda de Andalucía, Lora de Estepa, Corcoya, Badolatosa y Casariche. En estas localidades se distribuye normalmente todas las semanas en las misas dominicales. El cura párroco de Los Corrales, Diamantino García Acosta, director de la publicación, ha comparecido ante el Juzgado de Instrucción nº 3 de Sevilla a fin de prestar declaración en las diligencias que se instruyen contra la citada Hoja, por el posible delito de propaganda ilegal”  (El Correo de Andalucía).

“Unos 300 trabajadores agrícolas de Los Corrales se recluyeron el martes 2 de septiembre de 1975 en el templo parroquial para protestar por la falta de soluciones al paro forzoso en que se encuentran y la ausencia de fondos para el empleo comunitario. Hacia las 10 de la noche se presentó el capitán de la guardia civil de la zona haciendo saber que tenía orden del gobernador civil de desalojar la iglesia si los recluidos no abandonaban el templo inmediatamente, cosa que éstos realizaron pacíficamente hacia las 11’30 de la noche”.

“El 6 de enero de 1976 se encerraron un centenar de jornaleros en el templo mayor de Lebrija (Sevilla) y fueron desalojados pacíficamente. Por los altavoces de la torre dijeron varias veces: “Queremos que las tierras mal cultivadas sean entregadas a los jornaleros y pequeños campesinos. Queremos ayuda todo el año a los obreros en paro. Queremos convenios colectivos en todas las campañas y jubilación a los 60 años. Queremos libertad sindical y libertad para los presos políticos y exiliados...”

Aunque el siguiente suceso no corresponda al ámbito rural, lo recordamos porque tiene un gran significado para el tema que estamos analizando:

“Un numeroso grupo de sacerdotes se ha reunido con el Cardenal de Sevilla para reflexionar sobre los acontecimientos de estos días y hacen el siguiente comunicado: “Al mediodía del pasado jueves, 1 de abril de 1976, el sacerdote obrero José Antonio Casasola, unido al equipo parroquial de Ntra. Sra. del Reposo en la barriada de La Corza, intentó mediar ante miembros de la policía que acudieron a desalojar a un grupo de 47 obreros de la empresa ROCA recluidos en el templo. Arrinconado por algunos policías en el interior de la iglesia, fue duramente golpeado y luego introducido en una furgoneta. Sobre las 16 horas fue ingresado en el servicio de urgencias de la Ciudad Sanitaria, de donde fue trasladado a la Jefatura Superior de Policía, donde permaneció la noche del jueves, el viernes y mediodía del sábado, 3 de abril, cuando paso al Juzgado y puesto en libertad. Sus compañeros y amigos han apreciado el estado lamentable que los golpes en la cabeza y en las vísceras le han ocasionado...” (El Correo de Andalucía).

“Del 5 al 10 de julio de 1976, unos 160 cristianos (en su mayoría curas) nos reunimos en un colegio de Málaga con el fin de pensar en la situación de Andalucía y el papel que juega la Iglesia. Analizamos la realidad y vimos que en Andalucía existe una gran riqueza agrícola, pero que no está aprovechada [...]En esta asamblea había curas de Cádiz que trabajan como albañiles o en el puerto de Algeciras. Había un grupo de monjas de Ronda que trabajan en el campo y que no viven en el convento, sino en una pobre casa. Curas de Granada empleados en un comercio o gerentes de una cooperativa. Una monja de Córdoba que trabaja dando horas por las casas como criada. Curas de Sevilla que son jornaleros del campo, etc.”

“1980 fue un año especialmente combativo en el SOC. El parcheo del empleo comunitario no alivia el malestar. En marzo se organiza una marcha a Sevilla desde la plaza mayor de Osuna. Tras dos días de caminata, la iglesia de Santa Teresa acoge a los jornaleros en la capital, concitando una gran solidaridad de los barrios de la zona. Durante tres meses completos estuvieron acogidas en el templo unas 100 personas diariamente y los fines de semana 300 o más. Allí cocinaban, comían, dormían y planificaban acciones por la ciudad. El baptisterio se convirtió en improvisada y repleta despensa de víveres que traía la gente más diversa. Javier Santos Verdugo, el párroco, compartió el espacio entre eucaristías y asambleas, bautizos y olor a potajes”.

“En agosto de 1980, 700 personas se declaran en huelga de hambre en Marinaleda. El hecho produce un gran impacto en la opinión pública nacional y extranjera, hasta el punto de que el Gobierno de Adolfo Suárez se ve obligado a hablar con los jornaleros y aumentar los fondos del empleo comunitario hasta cubrir cuatro días de trabajo a la semana. A partir de esa fecha, el pueblo de Marinaleda se convierte en un referente destacado de las luchas jornaleras en Andalucía. Su impulsor será Juan Manuel Sánchez Gordillo, un profesor de EGB formado con los jesuitas de la SAFA de Úbeda (Jaén) y con una primigenia inspiración cristiana”.

Aportaciones específicas de los cristianos

Ya hemos indicado el compromiso de tantos cristianos-as que, como laicos anónimos, se comprometieron con las luchas jornaleras. Pero su influencia concreta en cuanto cristianos es difícil de evaluar precisamente por ese anonimato con el que estaban ahí.

Más fácil es calibrar la influencia ejercida por parte de curas y de cristianos-as muy conocidos públicamente en cuanto tales y que tuvieron una presencia muy cualificada en cargos directivos del movimiento jornalero y campesino andaluza. En este sentido es justo mencionar a María Moreno, “la Pasionaria” de Lora del Río, militante de la HOAC y destacada dirigente de CCOO del Campo en aquella comarca. Cristianos-as como ella fueron piezas claves en las tareas de animación y de formación, además de su permanente colaboración en medios de todo tipo: locales para reuniones, multicopistas, coches, dinero, red de relaciones, colectas de solidaridad para pagar multas o sostener encierros... Muchas veces los aparatos de propaganda se encontraban en las casas de los curas en total clandestinidad. Allí se confeccionaban las octavillas de las huelgas o los comunicados de todo tipo sobre las luchas jornaleras. Se repartían hojas en los templos parroquiales apoyando las causas obreras, como eran la Carta del Domingo por toda Andalucía o la Hoja Parroquial de Los Corrales para la zona de la Sierra Sur. Además de estas contribuciones bien concretas y visibles, podemos señalar otras más específicas:

• Hacia el interior del movimiento obrero se influyó mucho para introducir un funcionamiento asambleario, buscando cuantas veces era posible que las decisiones se adoptasen siempre en las asambleas de trabajadores.

• Se extendió entre muchos de los dirigentes de entonces una ética del sacrificio, de la entrega y de la honradez, de acuerdo con el principio de “los primeros en el sacrificio y los últimos en el beneficio”, como le gustaba decir a Diamantino.

• El espíritu crítico y la independencia junto con la colaboración con todos los que tenían los mismos objetivos. Los curas y los cristianos comprometidos estaban abiertos a todos y eran a la vez criticados por casi todos, porque no se identificaban absoluta e incondicionalmente con ningún grupo.

• No tener apego a los cargos de dirección y huir de los liderazgos personalistas. En cuanto fue posible y la gente fue madurando, los curas dejaron los primeros puestos y pasaron a un segundo lugar, hecho que a veces se malentendía, pues algunos pretendían que los curas les “sacaran las castañas del fuego”.

• Amplios cuadros de jóvenes y de adultos bien formados y con fuerte capacidad crítica y de análisis, que fueron comprometiéndose rápidamente y con ilusión en las organizaciones jornaleras, en la creación y dirección de cooperativas de todo tipo, en asociaciones de vecinos, de padres de alumnos, y también en los primeros ayuntamientos democráticos. La mayoría de esas personas se han ido formando en los grupos parroquiales y muchos siguieron perteneciendo a estos, alimentando ahí su fe y sus compromisos.

• La presencia de cristianos y curas contribuyó también a dar más credibilidad a las luchas jornaleras. La relación, el conocimiento y la coordinación entre sí de los grupos cristianos de base contribuyeron a dar a conocer y extender en muchos ámbitos y lugares lo justo de estas luchas y la situación en Andalucía. El eco se amplificaba con las voces de muchos cristianos.

• Finalmente, este compromiso obrero de muchas personas y grupos cristianos influyó positivamente en la sensibilidad de algunos obispos andaluces, quienes repetidas veces defendieron las causas de los jornaleros haciendo declaraciones o cartas pastorales de denuncia de las injustas situaciones del campo andaluz de aquella época.

Dos testimonios sobre las aportaciones de los cristianos

“Sin la presencia de cristianos en su organización, la evolución del SOC hubiera sido, en parte, muy distinta, al igual que su desarrollo como una respuesta a la necesidad de crear un movimiento de masas mucho más amplio de lo que pudiera ser en aquellos momentos los sindicatos y sus partidos afines: UGT con el PSOE y COOO con el PCE. El SOC nace ante la necesidad de aglutinar a las personas  colectivos que no estaban dentro de la órbita marcada por esas dos opciones políticas, sino con posiciones mucho más abiertas.

Desde sus inicios, en la Sierra Sur de Sevilla y en algunas zonas de Granada hubo importantes núcleos de personas con una biografía e ideología cristianas. Este hecho le otorgó al SOC una amplia credibilidad ante la opinión pública como organización obrera abierta y plural, no basada en la hegemonía de un partido determinado. Los cristianos fueron un referente importantísimo que, con el paso de los años, se ha ido valorando de forma clara.

La sintonía y la simpatía de muchos grupos cristianos hacia el movimiento jornalero eran debidas, en parte, a que respondía a sus principios y creencias de justicia y de igualdad. Es decir, que la lucha jornalera trascendía a otros planos más profundos. Muchas de nuestras luchas se hicieron apoyándonos en las iglesias: asambleas, encierros, comunicados, etc. En nuestra movilizaciones la Iglesia y sus templos eran casi siempre un referente. Recordemos el encierro que mantuvimos en la iglesia de Santa Teresa durante noventa días. Hechos de este tipo sólo eran posibles a través de un amplio movimiento de solidaridad de los cristianos y por la presencia de destacados dirigentes que tenían un fuerte testimonio de vida por su pertenencia al cristianismo.

Nadie pone en duda el compromiso de Diamantino por Andalucía. Su presencia en el movimiento obrero, primero a través de las Comisiones de Jornaleros y luego a través del SOC, garantizaba la pluralidad y daba al marxismo-leninismo de muchos de nosotros un aporte de apertura. Eso nos impulsaba a aceptar a los cristianos no simplemente como representantes de un sector, sino como algo mucho más amplio y más profundo.

Diamantino era un elemento esencial en ese “plus” de pluralidad y de reflexión mucho más abierta. Y no sólo él, sino todas las personas que tenían ideas cristianas y militaban en el SOC. El sindicato se basaba en una serie de pensamientos, posturas y programas de acción, pero también se basaba en las personas. Hubo personas claves por su propio talante y no sólo por su manera de pensar que le dieron una impronta característica y diferencial. Diamantino fue con mucho una de ellas por su talante abierto, su capacidad de gestión, de saber entender y de ver el bosque y el árbol al mismo tiempo. Él garantizaba precisamente eso y, a la vez, confrontaba unas ideas y estrategias que beneficiaron mucho al movimiento jornalero. Su historia desde 1974 hasta 1975 no podría entenderse sin conocer la persona de Diamantino” (Paco Casero, fue secretario general del SOC).

“Los grupos cristianos han sido una parte importante dentro del SOC incluso antes de que éste existiera. No sólo han dado su aportación sino que han sido parte integrante junto a otros grupos provenientes del PTE y los de tendencia anarco-sindicalista. Los cristianos han puesto su sello en la constitución y desarrollo del sindicato.

Los que venimos de una cultura marxista-leninista, comunista, teníamos una visión más “materialista”, más inmediata, a la hora de hacer análisis, planteamientos y maneras de actuar. Quiero decir que teníamos poco en cuenta a la persona. Una cosa importante que los cristianos han aportado a nuestra lucha sindical ha sido precisamente el respeto y el valorar a las personas concretas. Con el paso de los años considero que eso es fundamental: ver a la persona no sólo como un militante para luchar, sino alguien con sentimientos, con problemas, virtudes, defectos. Conceder un lugar importante al compañerismo, la solidaridad, la ética. Todo eso se lo debemos casi exclusivamente al movimiento cristiano. Lo cual no quiere decir que los compañeros que tienen esa fe religiosa no estuvieran en primera fila. Al contrario, era gente que daba la cara, que estaba en la vanguardia y por eso también ellos sufrieron represalias como los demás: cárcel, multas, detenciones, juicios...

La afinidad de los cristianos con la lucha jornalera se producía porque destacados cristianos que eran jornaleros militaban en ella; y también porque se veían reflejados en su filosofía, en sus valores, en las formas de lucha y en sus planteamientos sindicales.

Diamantino era la encarnación concreta de todo lo anterior. Desde primera hora, él participó tanto en la clandestinidad como en la constitución y desarrollo posterior del SOC. Ambos fueron complementarios y se configuraron mutuamente. Diamantino se convirtió en imagen pública del sindicato. Internamente era una persona de consenso que siempre procuraba el equilibrio entre las tendencias y las personas que componían el SOC, asunto no siempre fácil. Él vivía lo que decía. Pegado a los suyos, comprometido con los pobres. Trabajando, sufriendo y viviendo con los suyos. Con el paso del tiempo, su testimonio y su coherencia nos han ido enseñando lo que debe ser un militante.

Diamantino dio gran importancia a la organización: o la gente se organiza desde la base o no podremos cambiar la realidad. Tras cualquier acción siempre intentaba que quedase un grupo responsabilizado de seguir adelante. Era sencillo, huía de las cosas vistosas, del ruido público y de la imagen. Siempre que podía lo esquivaba. Nunca aspiró a tener nada material, lo daba todo, siempre pendiente de los demás. Cuando el sindicato se le fue quedando “estrecho” se abrió mucho más a las cuestiones de la solidaridad internacional y logró meter esa inquietud en el planteamiento sindical”  (Manuel Lara fue miembro del comité ejecutivo del SOC muchos años).

Lo que decía el mismo Diamantino

“Para que la lucha sea eficaz es fundamental organizarnos. Ponernos de acuerdo con los del mismo pueblo; coordinarnos con los más conscientes de la comarca; elaborar estrategias provinciales y hacer un plan para toda Andalucía. La necesidad de organizarnos como colectivo con unos problemas a resolver la vivimos desde el primer momento y la apoyamos con todas nuestras fuerzas.

Nuestro pueblo se ha ido dotando de organizaciones de lucha sindical, política, cultural, de solidaridad, etc. Y ahí estamos nosotros aportando lo que somos y lo que tenemos. Desde nuestra creencia y desde nuestro compromiso evangélico. Ejerciendo como humildes profetas que denuncian las injusticias de una sociedad mal repartida, que abusa de los pobres, del trabajador, del ignorante y del débil, y que engaña al pueblo con gobernantes que sólo procuran servir al poderoso, aunque empleen discursos falaces y prometedores. Asimismo, con nuestra vida tan a contrapelo de los eclesiásticos de oficio y de los cristianos rutinarios, denunciamos a una Iglesia lejana a los dolores del pueblo.

Con nuestra lucha concreta en el campo andaluz hemos conseguido bastante: mejoras ganadas a pulso para nuestra lucha; un respeto y un reconocimiento público que antes no teníamos; la promoción de compañeros que se han superado como personas; la formación de grupos y de cooperativas que son ejemplo de esfuerzo y solidaridad; el compañerismo de otros grupos sociales, etc. Nuestro sacrificio ha dado fruto y seguirá dando”.

 

admmilitante@ruralescristianos.org

dirmilitante@ruralescristianos.org